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sábado, 18 de julio de 2020

sábado, 3 de octubre de 2015

La enseñanza del teatro en la escuela secundaria desde la óptica del Capital Cultural.
(Por Profesor Mariano Scovenna).

García Canclini nos dice que la noción antropológica de la cultura confiere legitimidad a todas las formas de organizar y simbolizar la vida social. Sin embargo es muy común encontrarse con jerarquías de los capitales culturales.  En ellas, por ejemplo: el arte vale más que las artesanías y la cultura escrita más que la que se trasmite oralmente.
Por esta razón, el autor propone la reformulación del patrimonio en términos de capital cultural para no representarlo como un conjunto de bienes estables y neutros, con valores y sentidos fijados de una vez y para siempre, sino como un proceso social que se acumula, se reconvierte, produce rendimientos y es apropiado en forma desigual por diversos sectores.
A partir de esta cita intentaré rastrear que pasa con la enseñanza del teatro en la educación secundaria,  entendiendo y encuadrando a las prácticas pedagógicas y artísticas desde la óptica del capital cultural.
Abordar la enseñanza del teatro desde esta perspectiva es trabajar considerando que en cada grupo, sus miembros no comparten los mismos conocimientos, ni gustos y que cada individuo no tiene, tampoco, idéntico acceso al capital cultural común.
  Al mismo tiempo, debemos planificar nuestro accionar para no reproducir la lógica de las clases dominantes que definen, que bienes culturales son superiores y dignos de ser conservados y o puestos en circulación. Los profes de teatro debemos generar espacios que den lugar a la heterogeneidad de experiencias y de esta manera pondremos una traba a las clases hegemónicas que obtienen casi siempre una apropiación privilegiada del patrimonio.
Ahora bien, ¿Existen bienes culturales dentro de constructo que llamamos “Teatro”, que hayan permanecido en la periferia de la enseñanza de este arte en las aulas de la educación secundaria?¿Existe dentro del mundo teatral, capital cultural que ha estado en los márgenes de este arte?
En principio (y desde una mirada panorámica) podemos afirmar que sí, porque la historia y los circuitos que legitiman el arte teatral han consagrado determinadas poéticas, al tiempo que expulsaron otras, considerándolas formas menores o artesanías teatrales.
Es pertinente preguntarse a esta altura cuáles son las expresiones teatrales que han sido destinadas a ocupar los márgenes de la enseñanza teatral y por qué.
Dentro de aquellas manifestaciones relegadas, podemos nombrar al clown, al teatro de sombras, los bufones, la murga y el teatro negro como los grandes olvidados del teatro en la escuela secundaria.
 Si decidimos preguntarnos acerca de las causas que los llevaron a ocupar aquel sitio, podemos arriesgar que sus procedimientos no se ajustan a los criterios estéticos eurocéntrincos que han predominado en los procesos de diseño curricular que enfrentó nuestro país.
Los profesores de teatro debemos ocuparnos de las poéticas generadas por las clases populares,  las etnias  excluidas y los sectores vulnerables ya que suelen construirse desde los criterios compositivos representativos de los silenciados. Al tiempo que desarrollan productos de alto  valor estético y creativo sin que tengan las mismas posibilidades de difusión y reconocimiento que las formas consagradas.
Destinar nuestros espacios curriculares a formas poéticas que exploran el humor, la risa, la ilusión, el misticismo, la fantasía y la solidaridad, hablan de la posición que tomamos frente a nuestro lenguaje y el lugar que le otorgamos al arte en los circuitos de producción y difusión. Porque no olvidemos que la educación es un ámbito que produce, difunde y hace circular cultura.

Bibliografía:
·         García Canclini, Néstor. Culturas Híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad. Editorial Paidos. Buenos Aires, 2010.
 ·         Jay, Martin. Cantos de experiencia. Paidós. Buenos Aires. 2009.
·         Lecoq, Jaques. “El cuerpo poético”. Alba Editorial. Barcelona. 2003.


“El profesor de teatro y el acto poético de enseñar”
(por profesor Mariano Scovenna).

En la actualidad es corriente escuchar que la escuela, tal como la concebimos, es una construcción histórica y social. Esta afirmación nos da a los profesores de teatro la libertad necesaria para que intentemos comprender  a la escuela y  a las prácticas que en ella se llevan a cabo como un espacio que puede modificarse, reemplazarse o enriquecerse.  Es erróneo encarar nuestro trabajo en el aula pretendiendo que la escuela continúe siendo como era. Las sociedades y las personas cambian con el tiempo y se influyen mutuamente, esto hace que la escuela necesariamente cambie. No se trata de entrar en una vorágine o fanatismo por cambiar todo, todo el tiempo, sino que justamente, se trata de hacer un alto y detenernos a pensar cómo es la escuela de hoy, cómo es la escuela que añoran algunos y cómo desearíamos que fuese la escuela del futuro. Esta cuestión es central para nosotros, ya que en el medio de esta discusión es cuando se incorpora el teatro como espacio curricular enmarcado dentro en la educación artística.
Los profesores de teatro que trabajamos en instituciones educativas formales, amamos la enseñanza y de algún modo, defendemos y sostenemos la  enseñanza escolarizada. Esto está muy bien, pero es necesario reconocer que en varias ocasiones la escolarización de las prácticas de enseñanza atenta contra los propósitos mismos de la enseñanza. ¿Qué queremos decir con esto? Que los docentes, en medio de la encrucijada en la que estamos inmersos, muchas veces nos ocupamos del transmitir, adoctrinar, ordenar, categorizar, memorizar y nos olvidamos del vivir. Es decir nos olvidamos del acto poético que significa señalar el camino y de lo estético de estas acciones que sirven de experiencia. Por esta razón es necesario que los profesores de teatro forjemos circunstancias facilitadoras para conseguir que los estudiantes alcancen no sólo el obrar, sino también el ser.
A partir de los postulados enunciados, consideramos que los alumnos son mucho más que las múltiples funciones o facultades mentales que se relacionan entre sí; son sujetos en constantes luchas por construir sus identidades. Es en este campo donde un docente de teatro puede hallar los medios necesarios para acompañar al estudiante en el camino del ser.  Porque cada alumno que va a la escuela está buscando algo, y en esa búsqueda se ponen en juego no sólo la memoria y las facultades mentales sino que también los sentimientos, la voluntad, la sensibilidad y la moral, además de muchas otras cuestiones que atraviesan al sujeto.
Asumir que enseñanza y  vida están estrechamente ligadas es de algún modo, una cuestión crucial en sí misma. Situar en el centro de la enseñanza al sujeto que lucha, nos obligará a los profesores de teatro a no eludir al individuo con su historia, en relación con enseñanza escolarizada. Entiendo que es nuestra tarea revivir  este enfoque que, aunque parece obvio, es el que  nos enfrenta con la personalidad del alumno y es el que despliega la posibilidad de reunir nuestras facetas docentes científicas y artísticas, en un único territorio, el del docente humano.

Entender estas aristas que forman parte en el territorio  en el que nos desenvolvemos como profesores de teatro, nos permite entramar distinto los ejercicios, los juegos y las improvisaciones que llevamos adelante en el aula. Nos  abre a la posibilidad que cada niño descubra de las actividades lo que necesita y esto afectará también a la definición etimológica de alumno. Éste ya no será un sujeto sin luz, sino  que será una persona a la que hay que alimentar y acompañar señalando el camino con acciones que sirvan de experiencia.

Bibliografía:
·         Basabe, Laura- Cols, Estela- Feeney, Silvina. Los componentes del contenido escolar.  Universidad de Buenos Aires- Facultad de Filosofía y Letras. Buenos Aires, 2004.
·         Freire, Paulo. Pedagogía de la autonomía. Siglo XX. Buenos Aires, 2006.
·         Sacks, Oliver. El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Editorial Anagrama. Barcelona, 2002.