La enseñanza del teatro en la escuela
secundaria desde la óptica del Capital Cultural.
(Por
Profesor Mariano Scovenna).
García Canclini nos dice que la
noción antropológica de la cultura confiere legitimidad a todas las formas de
organizar y simbolizar la vida social. Sin embargo es muy común encontrarse con
jerarquías de los capitales culturales.
En ellas, por ejemplo: el arte vale más que las artesanías y la cultura
escrita más que la que se trasmite oralmente.
Por esta razón, el autor propone
la reformulación del patrimonio en términos de capital cultural para no
representarlo como un conjunto de bienes estables y neutros, con valores y
sentidos fijados de una vez y para siempre, sino como un proceso social que se
acumula, se reconvierte, produce rendimientos y es apropiado en forma desigual
por diversos sectores.
A partir de esta cita intentaré
rastrear que pasa con la enseñanza del teatro en la educación secundaria, entendiendo y encuadrando a las prácticas
pedagógicas y artísticas desde la óptica del capital cultural.
Abordar la enseñanza del teatro
desde esta perspectiva es trabajar considerando que en cada grupo, sus miembros
no comparten los mismos conocimientos, ni gustos y que cada individuo no tiene,
tampoco, idéntico acceso al capital cultural común.
Al mismo tiempo, debemos planificar nuestro accionar para no reproducir
la lógica de las clases dominantes que definen, que bienes culturales son
superiores y dignos de ser conservados y o puestos en circulación. Los profes
de teatro debemos generar espacios que den lugar a la heterogeneidad de
experiencias y de esta manera pondremos una traba a las clases hegemónicas que
obtienen casi siempre una apropiación privilegiada del patrimonio.
Ahora bien, ¿Existen bienes
culturales dentro de constructo que llamamos “Teatro”, que hayan permanecido en
la periferia de la enseñanza de este arte en las aulas de la educación secundaria?¿Existe
dentro del mundo teatral, capital cultural que ha estado en los márgenes de
este arte?
En principio (y desde una mirada
panorámica) podemos afirmar que sí, porque la historia y los circuitos que
legitiman el arte teatral han consagrado determinadas poéticas, al tiempo que
expulsaron otras, considerándolas formas menores o artesanías teatrales.
Es pertinente preguntarse a esta
altura cuáles son las expresiones teatrales que han sido destinadas a ocupar
los márgenes de la enseñanza teatral y por qué.
Dentro de aquellas
manifestaciones relegadas, podemos nombrar al clown, al teatro de sombras, los
bufones, la murga y el teatro negro como los grandes olvidados del teatro en la
escuela secundaria.
Si decidimos preguntarnos acerca de las causas
que los llevaron a ocupar aquel sitio, podemos arriesgar que sus procedimientos
no se ajustan a los criterios estéticos eurocéntrincos que han predominado en
los procesos de diseño curricular que enfrentó nuestro país.
Los profesores de teatro debemos
ocuparnos de las poéticas generadas por las clases populares, las etnias
excluidas y los sectores vulnerables ya que suelen construirse desde los
criterios compositivos representativos de los silenciados. Al tiempo que
desarrollan productos de alto valor estético
y creativo sin que tengan las mismas posibilidades de difusión y reconocimiento
que las formas consagradas.
Destinar nuestros espacios
curriculares a formas poéticas que exploran el humor, la risa, la ilusión, el
misticismo, la fantasía y la solidaridad, hablan de la posición que tomamos
frente a nuestro lenguaje y el lugar que le otorgamos al arte en los circuitos
de producción y difusión. Porque no olvidemos que la educación es un ámbito que
produce, difunde y hace circular cultura.Bibliografía:
·
García Canclini, Néstor. Culturas Híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad. Editorial Paidos. Buenos Aires, 2010.
·
Jay, Martin. Cantos de
experiencia. Paidós. Buenos Aires. 2009.
·
Lecoq,
Jaques. “El cuerpo poético”. Alba Editorial. Barcelona.
2003.
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