sábado, 3 de octubre de 2015

La enseñanza del teatro en la escuela secundaria desde la óptica del Capital Cultural.
(Por Profesor Mariano Scovenna).

García Canclini nos dice que la noción antropológica de la cultura confiere legitimidad a todas las formas de organizar y simbolizar la vida social. Sin embargo es muy común encontrarse con jerarquías de los capitales culturales.  En ellas, por ejemplo: el arte vale más que las artesanías y la cultura escrita más que la que se trasmite oralmente.
Por esta razón, el autor propone la reformulación del patrimonio en términos de capital cultural para no representarlo como un conjunto de bienes estables y neutros, con valores y sentidos fijados de una vez y para siempre, sino como un proceso social que se acumula, se reconvierte, produce rendimientos y es apropiado en forma desigual por diversos sectores.
A partir de esta cita intentaré rastrear que pasa con la enseñanza del teatro en la educación secundaria,  entendiendo y encuadrando a las prácticas pedagógicas y artísticas desde la óptica del capital cultural.
Abordar la enseñanza del teatro desde esta perspectiva es trabajar considerando que en cada grupo, sus miembros no comparten los mismos conocimientos, ni gustos y que cada individuo no tiene, tampoco, idéntico acceso al capital cultural común.
  Al mismo tiempo, debemos planificar nuestro accionar para no reproducir la lógica de las clases dominantes que definen, que bienes culturales son superiores y dignos de ser conservados y o puestos en circulación. Los profes de teatro debemos generar espacios que den lugar a la heterogeneidad de experiencias y de esta manera pondremos una traba a las clases hegemónicas que obtienen casi siempre una apropiación privilegiada del patrimonio.
Ahora bien, ¿Existen bienes culturales dentro de constructo que llamamos “Teatro”, que hayan permanecido en la periferia de la enseñanza de este arte en las aulas de la educación secundaria?¿Existe dentro del mundo teatral, capital cultural que ha estado en los márgenes de este arte?
En principio (y desde una mirada panorámica) podemos afirmar que sí, porque la historia y los circuitos que legitiman el arte teatral han consagrado determinadas poéticas, al tiempo que expulsaron otras, considerándolas formas menores o artesanías teatrales.
Es pertinente preguntarse a esta altura cuáles son las expresiones teatrales que han sido destinadas a ocupar los márgenes de la enseñanza teatral y por qué.
Dentro de aquellas manifestaciones relegadas, podemos nombrar al clown, al teatro de sombras, los bufones, la murga y el teatro negro como los grandes olvidados del teatro en la escuela secundaria.
 Si decidimos preguntarnos acerca de las causas que los llevaron a ocupar aquel sitio, podemos arriesgar que sus procedimientos no se ajustan a los criterios estéticos eurocéntrincos que han predominado en los procesos de diseño curricular que enfrentó nuestro país.
Los profesores de teatro debemos ocuparnos de las poéticas generadas por las clases populares,  las etnias  excluidas y los sectores vulnerables ya que suelen construirse desde los criterios compositivos representativos de los silenciados. Al tiempo que desarrollan productos de alto  valor estético y creativo sin que tengan las mismas posibilidades de difusión y reconocimiento que las formas consagradas.
Destinar nuestros espacios curriculares a formas poéticas que exploran el humor, la risa, la ilusión, el misticismo, la fantasía y la solidaridad, hablan de la posición que tomamos frente a nuestro lenguaje y el lugar que le otorgamos al arte en los circuitos de producción y difusión. Porque no olvidemos que la educación es un ámbito que produce, difunde y hace circular cultura.

Bibliografía:
·         García Canclini, Néstor. Culturas Híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad. Editorial Paidos. Buenos Aires, 2010.
 ·         Jay, Martin. Cantos de experiencia. Paidós. Buenos Aires. 2009.
·         Lecoq, Jaques. “El cuerpo poético”. Alba Editorial. Barcelona. 2003.

No hay comentarios:

Publicar un comentario