sábado, 3 de octubre de 2015


“El profesor de teatro y el acto poético de enseñar”
(por profesor Mariano Scovenna).

En la actualidad es corriente escuchar que la escuela, tal como la concebimos, es una construcción histórica y social. Esta afirmación nos da a los profesores de teatro la libertad necesaria para que intentemos comprender  a la escuela y  a las prácticas que en ella se llevan a cabo como un espacio que puede modificarse, reemplazarse o enriquecerse.  Es erróneo encarar nuestro trabajo en el aula pretendiendo que la escuela continúe siendo como era. Las sociedades y las personas cambian con el tiempo y se influyen mutuamente, esto hace que la escuela necesariamente cambie. No se trata de entrar en una vorágine o fanatismo por cambiar todo, todo el tiempo, sino que justamente, se trata de hacer un alto y detenernos a pensar cómo es la escuela de hoy, cómo es la escuela que añoran algunos y cómo desearíamos que fuese la escuela del futuro. Esta cuestión es central para nosotros, ya que en el medio de esta discusión es cuando se incorpora el teatro como espacio curricular enmarcado dentro en la educación artística.
Los profesores de teatro que trabajamos en instituciones educativas formales, amamos la enseñanza y de algún modo, defendemos y sostenemos la  enseñanza escolarizada. Esto está muy bien, pero es necesario reconocer que en varias ocasiones la escolarización de las prácticas de enseñanza atenta contra los propósitos mismos de la enseñanza. ¿Qué queremos decir con esto? Que los docentes, en medio de la encrucijada en la que estamos inmersos, muchas veces nos ocupamos del transmitir, adoctrinar, ordenar, categorizar, memorizar y nos olvidamos del vivir. Es decir nos olvidamos del acto poético que significa señalar el camino y de lo estético de estas acciones que sirven de experiencia. Por esta razón es necesario que los profesores de teatro forjemos circunstancias facilitadoras para conseguir que los estudiantes alcancen no sólo el obrar, sino también el ser.
A partir de los postulados enunciados, consideramos que los alumnos son mucho más que las múltiples funciones o facultades mentales que se relacionan entre sí; son sujetos en constantes luchas por construir sus identidades. Es en este campo donde un docente de teatro puede hallar los medios necesarios para acompañar al estudiante en el camino del ser.  Porque cada alumno que va a la escuela está buscando algo, y en esa búsqueda se ponen en juego no sólo la memoria y las facultades mentales sino que también los sentimientos, la voluntad, la sensibilidad y la moral, además de muchas otras cuestiones que atraviesan al sujeto.
Asumir que enseñanza y  vida están estrechamente ligadas es de algún modo, una cuestión crucial en sí misma. Situar en el centro de la enseñanza al sujeto que lucha, nos obligará a los profesores de teatro a no eludir al individuo con su historia, en relación con enseñanza escolarizada. Entiendo que es nuestra tarea revivir  este enfoque que, aunque parece obvio, es el que  nos enfrenta con la personalidad del alumno y es el que despliega la posibilidad de reunir nuestras facetas docentes científicas y artísticas, en un único territorio, el del docente humano.

Entender estas aristas que forman parte en el territorio  en el que nos desenvolvemos como profesores de teatro, nos permite entramar distinto los ejercicios, los juegos y las improvisaciones que llevamos adelante en el aula. Nos  abre a la posibilidad que cada niño descubra de las actividades lo que necesita y esto afectará también a la definición etimológica de alumno. Éste ya no será un sujeto sin luz, sino  que será una persona a la que hay que alimentar y acompañar señalando el camino con acciones que sirvan de experiencia.

Bibliografía:
·         Basabe, Laura- Cols, Estela- Feeney, Silvina. Los componentes del contenido escolar.  Universidad de Buenos Aires- Facultad de Filosofía y Letras. Buenos Aires, 2004.
·         Freire, Paulo. Pedagogía de la autonomía. Siglo XX. Buenos Aires, 2006.
·         Sacks, Oliver. El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Editorial Anagrama. Barcelona, 2002. 



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