Un espacio virtual creado por el profesor Mariano Scovenna para pensar, impulsar y proyectar la enseñanza del Teatro en las escuelas.
viernes, 4 de diciembre de 2015
miércoles, 2 de diciembre de 2015
Muestras en la escuela ¿Existismo o
desarrollo?
(Por Profesor Mariano Scovenna)
Hacia diciembre es común escuchar
en charlas de profesores de teatro cosas como esta:
-Estoy cansado, esta semana tuve muestra.
- Ufff… cuando se terminará el año. No doy
más. La semana pasada tuve dos muestras y esta semana dos más.
-Mañana no puedo ensayar, tengo muestra.
- Che, ¿Cómo te fue en la muestra?
La sensación que tenemos para
esta época es que las charlas se repiten año a año, ya que entre noviembre y
diciembre decimos más veces la palabra “muestra” que cualquier otra.
Hablamos de la muestra en la escuela, en casa,
con amigos, colegas y con la familia.
Es por eso que creo necesario abrir y
reflexionar sobre el asunto. Hay que darle un par de vueltas a la muestra para
que devele su misterio.
Preguntas cómo: ¿Qué es una
muestra teatral? ¿Para qué sirve? y ¿Por qué la hacemos? son cuestiones que se
nos cruzaron en algún momento por la cabeza pero que no pudimos analizarlas
porque estábamos ocupados preparando, ensayando o armando una muestra.
Hoy es el día. Llegó el momento.
Tengo que develar que esconde la bendita palabra.
Para empezar, debo decir que
cuando uno va al diccionario se encuentra con una familia de palabras para
nuestra vedette, la muestra. Mostrar, muestrario, mostrador y muestreo merodean
y embarullan la cuestión.
Lo que no podemos negar a esta
altura es que mostrar está relacionado con exponer, indicar, manifestar, y
darse a conocer. Mientras que, y al
mismo tiempo, muestra va desde: porción de producto que permite conocer la
calidad del mismo, Hasta: Exposición o feria, pasando por: Demostración de algo
no visible.
Pero… El por qué la muestra me quita el sueño, me
hace agarrar dolor de panza, me ocupa y me preocupa, no me lo dice ningún
diccionario.
Hoy tuve muestra y me di cuenta
que la muestra me obsesiona porque es una experiencia significativa para mí y
para mis alumnos. La muestra me enloquece porque es el instante único en el que
el trabajo de los chicos se hace visible ante la expectativa de los
presentes. La muestra me quita el sueño
porque habrá un antes y un después con respecto a ella. La muestra me alegra
porque veo el crecimiento artístico de los estudiantes, la autonomía, la
confianza y la pasión con la viven esto que llamamos teatro.
La muestra produce una
transformación en nosotros. La muestra es pariente cercana de los procesos de
enseñanza y aprendizaje. La muestra me seduce porque se aleja del existimo del
arte como mercancía.
Creo que lo logré. Encontré las razones por
las que digo tantas veces la palabra muestra en esta época del año. La muestra,
en algún punto, le da sentido a mí práctica docente y artística.
sábado, 3 de octubre de 2015
La enseñanza del teatro en la escuela
secundaria desde la óptica del Capital Cultural.
(Por
Profesor Mariano Scovenna).
García Canclini nos dice que la
noción antropológica de la cultura confiere legitimidad a todas las formas de
organizar y simbolizar la vida social. Sin embargo es muy común encontrarse con
jerarquías de los capitales culturales.
En ellas, por ejemplo: el arte vale más que las artesanías y la cultura
escrita más que la que se trasmite oralmente.
Por esta razón, el autor propone
la reformulación del patrimonio en términos de capital cultural para no
representarlo como un conjunto de bienes estables y neutros, con valores y
sentidos fijados de una vez y para siempre, sino como un proceso social que se
acumula, se reconvierte, produce rendimientos y es apropiado en forma desigual
por diversos sectores.
A partir de esta cita intentaré
rastrear que pasa con la enseñanza del teatro en la educación secundaria, entendiendo y encuadrando a las prácticas
pedagógicas y artísticas desde la óptica del capital cultural.
Abordar la enseñanza del teatro
desde esta perspectiva es trabajar considerando que en cada grupo, sus miembros
no comparten los mismos conocimientos, ni gustos y que cada individuo no tiene,
tampoco, idéntico acceso al capital cultural común.
Al mismo tiempo, debemos planificar nuestro accionar para no reproducir
la lógica de las clases dominantes que definen, que bienes culturales son
superiores y dignos de ser conservados y o puestos en circulación. Los profes
de teatro debemos generar espacios que den lugar a la heterogeneidad de
experiencias y de esta manera pondremos una traba a las clases hegemónicas que
obtienen casi siempre una apropiación privilegiada del patrimonio.
Ahora bien, ¿Existen bienes
culturales dentro de constructo que llamamos “Teatro”, que hayan permanecido en
la periferia de la enseñanza de este arte en las aulas de la educación secundaria?¿Existe
dentro del mundo teatral, capital cultural que ha estado en los márgenes de
este arte?
En principio (y desde una mirada
panorámica) podemos afirmar que sí, porque la historia y los circuitos que
legitiman el arte teatral han consagrado determinadas poéticas, al tiempo que
expulsaron otras, considerándolas formas menores o artesanías teatrales.
Es pertinente preguntarse a esta
altura cuáles son las expresiones teatrales que han sido destinadas a ocupar
los márgenes de la enseñanza teatral y por qué.
Dentro de aquellas
manifestaciones relegadas, podemos nombrar al clown, al teatro de sombras, los
bufones, la murga y el teatro negro como los grandes olvidados del teatro en la
escuela secundaria.
Si decidimos preguntarnos acerca de las causas
que los llevaron a ocupar aquel sitio, podemos arriesgar que sus procedimientos
no se ajustan a los criterios estéticos eurocéntrincos que han predominado en
los procesos de diseño curricular que enfrentó nuestro país.
Los profesores de teatro debemos
ocuparnos de las poéticas generadas por las clases populares, las etnias
excluidas y los sectores vulnerables ya que suelen construirse desde los
criterios compositivos representativos de los silenciados. Al tiempo que
desarrollan productos de alto valor estético
y creativo sin que tengan las mismas posibilidades de difusión y reconocimiento
que las formas consagradas.
Destinar nuestros espacios
curriculares a formas poéticas que exploran el humor, la risa, la ilusión, el
misticismo, la fantasía y la solidaridad, hablan de la posición que tomamos
frente a nuestro lenguaje y el lugar que le otorgamos al arte en los circuitos
de producción y difusión. Porque no olvidemos que la educación es un ámbito que
produce, difunde y hace circular cultura.Bibliografía:
·
García Canclini, Néstor. Culturas Híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad. Editorial Paidos. Buenos Aires, 2010.
·
Jay, Martin. Cantos de
experiencia. Paidós. Buenos Aires. 2009.
·
Lecoq,
Jaques. “El cuerpo poético”. Alba Editorial. Barcelona.
2003.
“El profesor de teatro y el acto poético de
enseñar”
(por profesor Mariano Scovenna).
En la actualidad es corriente
escuchar que la escuela, tal como la concebimos, es una construcción histórica
y social. Esta afirmación nos da a los profesores de teatro la libertad
necesaria para que intentemos comprender
a la escuela y a las prácticas
que en ella se llevan a cabo como un espacio que puede modificarse,
reemplazarse o enriquecerse. Es erróneo
encarar nuestro trabajo en el aula pretendiendo que la escuela continúe siendo
como era. Las sociedades y las personas cambian con el tiempo y se influyen
mutuamente, esto hace que la escuela necesariamente cambie. No se trata de
entrar en una vorágine o fanatismo por cambiar todo, todo el tiempo, sino que
justamente, se trata de hacer un alto y detenernos a pensar cómo es la escuela
de hoy, cómo es la escuela que añoran algunos y cómo desearíamos que fuese la
escuela del futuro. Esta cuestión es central para nosotros, ya que en el medio
de esta discusión es cuando se incorpora el teatro como espacio curricular
enmarcado dentro en la educación artística.
Los profesores de teatro que
trabajamos en instituciones educativas formales, amamos la enseñanza y de algún
modo, defendemos y sostenemos la
enseñanza escolarizada. Esto está muy bien, pero es necesario reconocer
que en varias ocasiones la escolarización de las prácticas de enseñanza atenta
contra los propósitos mismos de la enseñanza. ¿Qué queremos decir con esto? Que
los docentes, en medio de la encrucijada en la que estamos inmersos, muchas
veces nos ocupamos del transmitir, adoctrinar, ordenar, categorizar, memorizar
y nos olvidamos del vivir. Es decir nos olvidamos del acto poético que
significa señalar el camino y de lo estético de estas acciones que sirven de
experiencia. Por esta razón es necesario que los profesores de teatro forjemos
circunstancias facilitadoras para conseguir que los estudiantes alcancen no
sólo el obrar, sino también el ser.
A partir de los postulados
enunciados, consideramos que los alumnos son mucho más que las múltiples
funciones o facultades mentales que se relacionan entre sí; son sujetos en
constantes luchas por construir sus identidades. Es en este campo donde un
docente de teatro puede hallar los medios necesarios para acompañar al
estudiante en el camino del ser. Porque
cada alumno que va a la escuela está buscando algo, y en esa búsqueda se ponen
en juego no sólo la memoria y las facultades mentales sino que también los
sentimientos, la voluntad, la sensibilidad y la moral, además de muchas otras
cuestiones que atraviesan al sujeto.
Asumir que enseñanza y vida están estrechamente ligadas es de algún
modo, una cuestión crucial en sí misma. Situar en el centro de la enseñanza al
sujeto que lucha, nos obligará a los profesores de teatro a no eludir al
individuo con su historia, en relación con enseñanza escolarizada. Entiendo que
es nuestra tarea revivir este enfoque
que, aunque parece obvio, es el que nos
enfrenta con la personalidad del alumno y es el que despliega la posibilidad de
reunir nuestras facetas docentes científicas y artísticas, en un único
territorio, el del docente humano.
Entender estas aristas que forman
parte en el territorio en el que nos
desenvolvemos como profesores de teatro, nos permite entramar distinto los
ejercicios, los juegos y las improvisaciones que llevamos adelante en el aula.
Nos abre a la posibilidad que cada niño
descubra de las actividades lo que necesita y esto afectará también a la
definición etimológica de alumno. Éste ya no será un sujeto sin luz, sino que será una persona a la que hay que alimentar
y acompañar señalando el camino con acciones que sirvan de experiencia.
Bibliografía:
·
Basabe,
Laura- Cols, Estela- Feeney, Silvina. Los
componentes del contenido escolar.
Universidad de Buenos Aires- Facultad de Filosofía y Letras. Buenos Aires,
2004.
·
Freire, Paulo. Pedagogía de la autonomía. Siglo XX. Buenos Aires, 2006.
·
Sacks,
Oliver. El hombre que confundió a su
mujer con un sombrero. Editorial Anagrama. Barcelona, 2002.
viernes, 2 de octubre de 2015
Giros y Revoluciones en la enseñanza del teatro.
(Por profesor Mariano
Scovenna. Septiembre 2015)
Desde una
mirada psico-cultural, Jerome Bruner afirma que un propósito central de la
educación es desarrollar la capacidad para generar modelos interpretativos del
mundo progresivamente más amplios, complejos y potentes.
Para acercarnos a esta voluntad, es necesario que
comprendamos que la construcción de la realidad es el resultado del
conocimiento producido a través de generaciones a partir de los instrumentos
proporcionados por la cultura y que la
creación de significados siempre se hace desde un marco de referencia
particular y nunca es homogénea, ni definitiva.
La tarea
educativa en general y la enseñanza del teatro en particular nos convocan a introducirnos en los senderos
conceptuales y experimentales del movimiento.
Aquí se
vuelve ineludible atender a que la humanidad está en constante movimiento y que
esta agitación universal enmarca todos los procesos artístico-pedagógicos particulares
que llevamos adelante en el aula.
La enseñanza del teatro en la escuela
secundaria tiene que estar atravesada entonces,
por la consideración que no puede ser explicada por sí sola sino
enmarcada en una circulación global e histórica llena de avances, estancamientos
y retrocesos.
Los
movimientos y cambios perpetuos que atraviesa la humanidad, son contradictorios
e impactan de manera diferente y en distintas direcciones a cada uno de los individuos
y /o sociedades. Lo que no podemos negar
es que se generan porque hay una pluralidad de sujetos que se
han movido y se mueven a lo largo de la historia.
Si bien muchos
de estos cambios han significado el avance de las hegemonías a costa del retroceso o
estancamiento de los grandes actores colectivos. Otros, han propiciado el
avance de los sectores relegados, poniendo un límite claro a las elites de
turno.
Por lo tanto, para apuntalar la generación de
modelos interpretativos del mundo, progresivamente más amplios, complejos y
potentes, la educación artística tiene como tarea hacer foco en la necesidad de
trabajar propiciando el avance de los sectores relegados. Promoviendo prácticas
pedagógicas democráticas que funden florecimientos para enfrentar los intentos de
retroceso o estancamiento impuestos por las supremacías culturales, políticas
y/ o económicas.
Es aquí donde
entran en juego dos conceptos centrales de la ciencia histórica, que intentan dar cuenta de los movimientos de avance que
experimenta la persona o sociedad que los transita. Ellos son las nociones de “Giro” y
“Revolución”.
Los giros son
evoluciones acumulativas y lentas que expresan avances en el mismo sentido que
se dan en su curso, mientras que la idea de revolución implica en cambio, un
proceso de avance relativamente rápido en el que se derrumban estructuras
consagradas.
Si bien, como
se dijo, estos conceptos de la ciencia
histórica son usados para comprender el movimiento de las sociedades en el
devenir del tiempo, intentaremos transponerlos a un nuevo campo de saber, la
didáctica especial del teatro.
Lo hacemos
porque creemos necesario sentar nuevas bases conceptuales que den cuenta del sentido,
la dirección y las tendencias que
desarrollan las celeridades ocasionadas por el tránsito por una asignatura artística como el teatro.
Para lograrlo, haremos ajustes semánticos y de
escala. Intentaremos también, comprobar si es pertinente utilizarlos como
herramienta didáctica en la trayectoria escolar de un sujeto en la escuela
secundaria que transita por nuestro
espacio curricular.
De esta
manera acuñaremos dos nuevos conceptos en el campo de la didáctica especial del
teatro: el giro y la revolución. Mas se vuelve adecuado preguntarse ¿Por qué
decidimos tomar estos conceptos? y ¿Qué ajustes deben realizarse para poder
aplicarlos en el campo de la didáctica del teatro?
Ante esto y en
primer lugar debemos volver al postulado que propone que toda intervención
docente, genera movimientos en cada uno de los alumnos y por ello es preciso
delinear qué tipo de alborotos queremos impulsar en las situaciones áulicas. En
segundo lugar debemos ajustar el alcance de estos términos, sabiendo que serán
utilizados para referirnos a los movimientos que permiten la construcción de
significados artísticos.
La idea de
giro, aplicado al campo de la enseñanza,
no trae aparejado por sí misma un
salto cualitativo en la relación entre problemáticas/ contenidos ni, por
consiguiente una acelerada explosión de sentido. Un giro en la enseñanza del
teatro hace referencia a la organización acumulativa y espiralada con la que se
enfrenta un alumno que intenta construir gradualmente la relación entre Problemáticas
y contenidos. La planificación de secuencias didácticas en las que se presenta
al alumno problemas para que busquen solución, rescatando saberes previos y
propongan soluciones poéticas, es una forma de giro.
La revolución
en cambio, permite dar grandes saltos en la construcción de sentido, en ellas
se derrumban las estructuras consagradas. En toda revolución se transforman las
relaciones entre problemáticas/ contenidos y los ordenamientos didácticos vigentes. Las revoluciones en la enseñanza
del teatro, concentran y sintetizan la historia anterior, a la vez que dan lugar a procesos flamantes que
producen novedosas construcciones de significado.
En toda
revolución debemos, abandonar los pasos de la secuencia didáctica y permitir
que la diversidad de opiniones y los chispazos creativos puedan generar
conclusiones poéticas (ambiguas, autorreflexivas y resignificadas) que hagan nacer un nuevo
campo artístico del aula.
Para
finalizar y luego de lo expuesto, es pertinente hablar de giros y revoluciones
en la enseñanza del teatro, ya que se trata de distintos tipos de movimientos
de avances que se originan en las aulas de teatro donde se les abre la puerta
al símbolo, al juego y la fiesta.
Bibliografía:
- Basabe, Laura. Bruner: una perspectiva psicocultural del desarrollo y la educación. UBA- Facultad de Filosofía y Letras. Buenos Aires, 2004.
- Basabe, Laura- Cols, Estela- Feeney, Silvina. Los componentes del contenido escolar. UBA- Facultad de Filosofía y Letras. Buenos Aires, 2004.
- Gadamer, Hans. La actualidad de lo bello. Paidós. Barcelona. 1991
- Trozzo, Ester. La vida en juego. Editorial Nueva Generación. Buenos Aires. 2015.
- Vazielles, José. El presente histórico y la historia universal. Manuel Suarez –Editor. Buenos Aires. Avellaneda. 2005
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